Jan 31 2008
“Braintrainers”, entrenamiento mental y sobredotación
Últimamente podemos observar como un fenómeno en principio meramente comercial, como puede ser el un juego para una consola portátil, ha ido calando en el debate ciudadano sobre la sobredotación intelectual, hasta llegar a absurdos como la pretensión de “entrenar”nuestra mente para adquirir un cociente intelectual mas alto o que se hable de “edad mental” como un indicador de “salud”.
De cualquier manera, esa pretensión no es nueva ni se trata de algo tan absurdo como pretender “mejorar” nuestros resultados como manera de ser “superiores”, sino que ha sido producto de ciertas formas de contratación y pruebas de personal que hacen que muchos aspirantes a ciertos puestos de trabajo entrenen efectivamente en los procedimientos para mejorar sus resultados en un test de CI que se convierte en una prueba mas. Esto no quiere decir que que la capacitación para pasar con mejores resultados vaya a incrementar efectivamente las cualidades intelectuales de un individuo en cuestión si no que a fuerza de prepararse en ciertos aspectos conseguirá mejores resultados. Siempre será preferible cultivar una buena afición de carácter intelectual, como la lectura, antes que ser un compulsivo rellenador de test.
Este tipo de pruebas hay que afrontarlas con la honestidad de saber que ni pasarlas nos hará mas inteligentes ni un resultado menor que el esperado debe suponernos ningún tipo de frustración. Hace algún tiempo, realicé uno de los test no supervisados de la asociación Mensa, que emplea la escala de Cattell. En esta prueba primera, los baremos tratan de definirse sin contemplar niveles culturales (para no discriminar) por lo que dan unos resultados con horquillas amplias pero en el nos mandarán un correo, cuando lo devuelves relleno, en el que te confirman que si pasas de 148 eres en principio apto para entrar en la asociación y que tu CI te sitúa, como mínimo, por encima del 98% de la población.
A pesar de que este tipo de pruebas pueden definir los parámetros generales siempre me ha gustado diferenciar entre lo que definimos como “listo” de lo que es genuinamente inteligente, sobre todo a la vista de la cantidad de estultócratas que copan ciertos puestos de dirección. Tampoco deja de resultar curioso que, ante personas desconocidas, resulte mas sospechoso ser ateo o sobredotado que fiel seguidor de los preceptos bíblicos o coránicos o que, a pesar de los mayores esfuerzos de humildad y razonar cualquier cuestión a debate, no sea difícil caer bajo el etiquetado de la soberbia.
A todo esto tenemos que añadir cuestiones menos conocidas que el resultado numérico y que son las que realmente definen a estas personas desde la infancia, como unos resultados académicos no siempre tan destacados, debidos al aburrimiento por los “ritmos” escolares o el aislamiento social en ciertos casos en los que no hay “identidad” con el resto. Efectivamente, no corresponder con la media social, aunque sea por encima, hace que no se encaje en esta y que no siempre sus capacidades puedan aplicarse a diario. Quizás esos problemas iniciales para identificarse socialmente hagan que a la larga sean las propias habilidades sociales las que se vean mermadas.
Resultaría mas interesante partir de un enfoque en el que estas personas con una sensibilidad generalmente mas aguda, tanto para el deleite como para el sufrimiento, una mayor amplitud a la hora de afrontar problemas y adquirir conocimientos y una inquietud intelectual permanente, sean consideradas sencillamente en su justa medida, ni mejores ni peores personas, con sus manías y excentricidades (quizás algo mas acentuadas en ciertas ocasiones) pero finalmente sólo una parte mas de esta diversa manada que conforma la humanidad.







